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A Ressureição

Samael Aun Weor (1978) - Para os Poucos. Capítulo I.
LA RESURRECCIÓN

El que ha muerto no tiene por qué morir, hasta el veneno de las víboras no le hace daño.

El Cristo íntimo mata a la muerte con la muerte y Él resucita en el iniciado y el iniciado en Él.

Un Maestro resurrecto es un mutante. Su cuerpo se vuelve elástico porque su cuerpo queda reincrudado, es decir, vuelve a ser de la misma materia primitiva.

El Árbol de la Vida —los diez Sephirot— queda bajo el completo control o flujo del Maestro resurrecto. En el proceso, todos los cuerpos son elásticos.

El Diamante precioso con que pulió Salomón las piedras preciosas, es la Piedra Filosofal.

Para realizar la Gran Obra se necesita gran arte y gran paciencia.

En siete escalas se hace toda la Obra y se adquiere el sonido nirionissiano del Universo.

Los lazos familiares son del tiempo. Hay que liberarse de los afectos. Hay que ver a todos iguales; para uno, nadie debe ser un extraño.

El Ser no tiene parentescos. El Ser es cósmico.

Muerto el Ego, la familia le abandona a uno; quedando uno, ni solo ni acompañado, sólo en plenitud.

Todos los familiares son del tiempo y se pierden en el tiempo.

Creer que uno se merece todo, es un absurdo, nada merecemos…

Hay que cambiar la forma de ser con más severidad, para que surja en nosotros la Sicología salvaje del Súper-Hombre.

Debe ser creada en nosotros la capacidad de la propiedad dinámica de proponerse a sí mismo como motivo de reflexión.

En el esoterismo, “darse látigo”, es disciplinarse.

La súper-disciplina y el perfeccionamiento del cuerpo físico se deben lograr por medio de la Medicina Naturista[i].

Cada uno de nosotros tiene en el fondo algún principio integrador…

El recto esfuerzo es, en sí mismo, el objetivo fundamental del Ser[ii]

La comprensión es la auto-reflexión evidente del Ser[iii].

En los infiernos atómicos, debemos desintegrar los cadáveres del Ego a punta de fuerza eléctrica. Nunca debemos esperar que el tiempo los desintegre.

El karma crea cuerpos. No vuelvas nunca a crear cuerpos físicos, son vulnerables, están expuestos a la vejez y a la muerte.

La auto-autoridad no es posible cuando no se posee la verdadera autoridad dentro de sí mismo. ¿Cómo se va a poseer autoridad si no se es dueño de sí mismo?

Actualmente, la mente humana está degenerada por aquello del concepto. Todo concepto emitido es el resultado de lo que han dicho, de lo que se ha estudiado.

El auto-concepto se basa en la experiencia y en la propia forma de pensar.

Krishnamurti sí tiene auto-conceptos porque nunca ha leído a nadie.

Los conocimientos de Gurdieff son incipientes.

La auto-acción sólo puede ser posible cuando se tiene al Ser adentro.

Existencia, persistencia y aburrimiento del Yo, ¡reflexionad!

El Yo es una simple posición absurda en el infinito…

El punto se convierte en línea, la línea en superficie y ésta en cuerpo. Substituye al punto por el Yo, y empezarás por no entender a la creación.

Reflexionad sobre el séptimo sello del Apocalipsis[iv].

[i]Anteriormente a esta nota se ve una lista de conceptos declarados en forma auto-explicada, este en cambio requiere explicación: Todo hoy día está enfermo, el aire está envenenado, el agua, los alimentos son perjudiciales, etc. Se necesita medicina mágica (espargiria) o medicina natural (fitoterapia, elementoterapia, alimentos sabiamente escogidos como sugiere Hipócrates: “que tu medicina sea tu alimento y que tu alimento sea tu medicina”), para mantener la salud del cuerpo físico, se necesitan ejercicios de lamasería para prolongar su vida, sabias decisiones, procedimientos estratégicos, etc.

[ii]Cuando la catexis ligada se manifiesta, gusta de hacer todo de la mejor forma posible (el ser se goza de ser).

[iii]Espontáneas comprensiones sin esfuerzo alguno que nos tornan seguros de captar la verdad entre múltiples apariencias son el resultado de esta acción del ser.

[iv]Inevitablemente, cuando se rompa el séptimo sello, la suerte final queda fatalmente establecida, ya no hay posibilidad de rectificación para bien ni para mal, la angustia derivada de este hecho para los definitivamente perdidos no tiene consuelo posible.