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As Faculdade de Medicina

Samael Aun Weor (1978) - Tratado de Medicina Oculta e Magia Prática - As Faculdades de Medicina.

LAS FACULTADES DE LA MEDICINA

 

“La vanidad de los eruditos no viene del cielo sino que la aprenden los unos de los otros, y sobre esta base edifican su iglesia” (De fundam Sap. Frangm. Paracelso).

 

Bruno Noah, en una revista de Berlín, dice textualmente: “Su excelencia el rector de la Universidad de Halle, el señor profesor doctor Hahne dice en su discurso 2-2-1934: “Tengo el suficiente valor de declararme públicamente partidario de la Astrología, y que ya es tiempo de reconocer la Astrología como una ciencia; lamento no haberme preocupado antes por la Astrología”.

 

El honorable cuerpo médico de Berlín, es de suponer que acate la autorizada declaración del doctor Hahne, desde luego que éste no es ni “tegua” oportunista, ni galeno impostor. La Astrología es una ciencia que se remonta a las primeras edades de la humanidad, y todas las antiquísimas escuelas de medicina bebieron en su fuente de sabiduría inagotable. Siendo esto así, como en efecto lo es, el retrasado reconocimiento del médico alemán no otorga mérito alguno a la Astrología, pero ya es bastante su reconocimiento…

 

Los indios Arhuacos de la Sierra Nevada de Santa Marta (Colombia) no tienen que lamentarse de haber ignorado la Astrología. “Astrología y Medicina” es un sistema de enseñanza médica infalible, indispensable, como que son partes de un mismo y complicado organismo. Usar una de estas partes o estudiar uno de estos elementos con prescindencia del otro, es anacrónico y anticientífico.

 

“El Dr. Walter Krish de Stralsund -dice el doctor Krumm Heller- fundó una nueva teoría sobre los órganos de los sentidos, que abre nuevos horizontes a la fisiología sensorial. Mucho se habla ahora del sexto sentido, y encuentran que se ha de buscar en la cuarta dimensión”.

 

El sistema médico de los indios Arhuacos de la Sierra Nevada de Santa Marta, es análogo al de los Lamas del Tíbet, y en materia de fisiología sensorial y anatomía humana están aquellos en posición envidiable en comparación con la cacareada sapiencia modernista.

 

Trece años estudian medicina los médicos Arhuacos y doce años es el mínimo de los médicos Lamas del Tíbet.

 

El estudiante Arhuaco de medicina permanece “enclaustrado” en un apartamento de dos piezas, trece años precisos. A los siete años de edad, inicia sus estudios, y se gradúa a los veintiuno. Por una ventana entra el sustento al estudiante, y por otra recibe las enseñanzas de su instructor, juntamente con las plantas medicinales. Enseña primero el profesor que sabe menos y termina el que sabe más. El número de instructores varía según sean los cursos que recibe. Cada profesor maneja su mochila de plantas. El estudio de las plantas versa sobre sus elementales y sus poderes ocultos. Esta es la antigua ciencia de la ELEMENTOTERAPIA.

 

En la noche, el discípulo es instruido fuera del apartamento por los profesores de Astrología y Magia Práctica, y para lograr esta instrucción tiene que desarrollar la clarividencia o sexto sentido, que fue presentido por el doctor Walter Krisch, de Stralsund.

 

El procedimiento que utilizan los estudiantes de medicina Arhuacos para desarrollar la clarividencia, es como sigue: Con una vara en la mano permanece el discípulo contemplando una estrella en el cielo, pugnando por percibir el sitio que el profesor desea. Después de cierto tiempo de prácticas diarias, no habrá seguramente lugar de la tierra, por remoto que sea, que el estudiante no pueda ver desde la Sierra Nevada de Santa Marta.

 

Los indios del Departamento de Bolívar (Colombia) desarrollan su sexto sentido con el siguiente procedimiento: Siendo las seis pasadas meridiano, el aspirante coloca en el suelo, debajo de un árbol que puede ser Guácimo, Olivo, Totumo o Trébol, una botella con ron, un reloj, una vela encendida y un plato con comida, el cual consume mientras mira fija y penetrantemente el ron, la vela y el reloj.

 

Siempre ejecutan los indios estas prácticas con el rostro hacia el sol poniente, pronunciando llenos de fe el credo cristiano. El jueves y viernes son los días especiales para realizarlas.

 

Los órganos sensoriales de los sentidos son la fuente de información para la mente, y a medida que más finos sean los sentidos humanos, mejor percepción tendremos de las cosas que nos rodean, por ende, más exactos serán nuestros juicios conceptuales.

 

El físico alemán Alfred Judt, sostiene que un individuo de pura sangre oye ocho octavas completas de la nota sol, con dos líneas frecuencia (96.825) o con líneas frecuencia 24787.200, en tanto que la media de los europeos mestizos alcanzan muchísimo menos la zona auditiva grave o la alta.

 

Los “pura sangre” disponen de sentidos más finos, y si sumamos el despertar de la clarividencia o sexto sentido localizado en la glándula Epífisis, tendremos una más penetrante percepción sensorial y una pura fuente de información objetiva, que no es posible alcanzar a los estudiantes de las facultades de medicina oficial por carencia de medios apropiados.

 

Los indios Arhuacos y los Lamas Tibetanos conocen a fondo la anatomía humana. A los textos de anatomía oficial les falta la anatomía de los cuerpos internos del hombre, que es séptuple en su constitución orgánica. Cada órgano es, por consiguiente, séptuple en su constitución interna. He aquí los siete cuerpos del hombre:

 

1° Cuerpo físico.

2° Cuerpo Vital.

3° Cuerpo Astral.

4° Cuerpo mental.

5° Cuerpo de la Voluntad.

6° Cuerpo de la Conciencia.

7° SPIRITUS (el ÍNTIMO).

 

El insigne Maestro Paracelso los determina así:

 

1° El Limbus.

2° La “Mumia”.

3° El Archaous.

4° Cuerpo Sideral.

5° Adech (el hombre interno o cuerpo mental, hecho de la carne de Adán).

6° Aluech.

7° Cuerpo del ÍNTIMO.

 

Estos son siete organismos de distintas materias o grados de sutilidad, que cualquier profesor de medicina podría percibir si desarrollara la clarividencia con los procedimientos que se dan en esta obra.

 

Un estudio de Anatomía para que sea completo tiene que abarcar en su conjunto los siete cuerpos del hombre en todas sus interrelaciones.

 

Emmanuel Kant, el gran filósofo alemán, admite ese “nisus formativus”, cuerpo astral, Lingam Sarira de los teósofos.

 

Estos distintos cuerpos internos del hombre, obran sobre nuestras glándulas endógenas y sobre nuestras hormonas. Y no se puede ser médico sin conocer a fondo ese “nisus formativus” de que nos habla Kant.

 

El doctor Krisch concluyó que el olfato, la vista, el oído y demás sentidos del hombre, funcionan mediante oscilaciones electromagnéticas.

 

Lakosky, el gran sabio ruso, fundador de la teoría emanatista, llegó a la conclusión de que todo irradia y de que todo es energía.

 

Es absolutamente imposible ser médico en toda su acepción sin ser clarividente y sin haber estudiado la anatomía, biología y patología de todos los siete cuerpos del ser humano.

 

El Maestro Paracelso, dice: “Hay dos especies de carne, la carne de Adán (el cuerpo físico) es la carne terrestre, grosera. La carne que no se deriva de Adán es de una especie sutil. No está hecha de materia grosera, y penetra en todas las paredes sin necesidad de puertas o agujeros, sin embargo, ambas especies de carne tienen su sangre y sus huesos y ambas difieren también del espíritu” (Paracelso – De Nymphis).

 

Estos cuerpos energéticos internos del hombre son organismos materiales, que el médico tiene que conocer a fondo para diagnosticar las enfermedades sin fallar, sin cometer torpezas.

 

De nada sirve conocer la química oficial si no se conoce la “química oculta”. De poco serviría conocer la biología exterior si no se conoce la biología interna de los siete cuerpos del hombre. Lo propio ocurriría al conocer solamente la Anatomía “externa”, si se desconoce la Anatomía “interna”. Baldío sería el estudio teórico de la Bacteriología sin un microscopio de laboratorio.

 

Es absurdo estudiar medicina sin haber desarrollado la clarividencia positiva, que nos permita ver y palpar los siete cuerpos del hombre.

 

Los medios de diagnosis de la ciencia oficial son insuficientes y, por esta causa, la mayor parte de los pacientes mueren y no se sabe de qué enfermedad.

 

El indio Jerónimo Montaño colocaba una bola de vidrio en la nuca del enfermo, y a través de ella veía el organismo mejor que con Rayos X. Y cuando era menester diagnosticar a un paciente distante, le bastaba humedecer la esfera de vidrio con ron y envolverla en la ropa del enfermo. De esta singular manera conocía la enfermedad y la diagnosticaba con certeza.

 

En cierta ocasión, dos escépticos le llevaron el sombrero de un muerto para que el indio Jerónimo les dijera a quién pertenecía. Tomó éste el sombrero entre sus manos e invitó a los dos escépticos a entrar en su consultorio. Luego con voz recia les dijo: “Aquí está el dueño del sombrero”. Los dos sujetos cayeron desmayados al ver sentado en una silla al mismo difunto del experimento.

 

Yo quisiera ver a un alumno de último año de medicina diagnosticando en presencia de un “Mama” de la Sierra Nevada de Santa Marta… Sería divertido, muy divertido…

 

Al finalizar los estudios de medicina, el alumno Arhuaco es examinado por todos sus profesores en presencia del gobierno de los indios de la Sierra. Y cada profesor examina con sus mochilas de plantas una por una, los astrólogos en astrología, los magos en magia práctica, etc.

 

Los exámenes sobre plantas se relacionan con el ocultismo de ellas, es decir, con la ELEMENTOTERAPIA, que ignoran los botánicos. Las escuelas de medicina de los Lamas del Tíbet Oriental, hacen lo propio. Una de sus especialidades es la Osmoterapia o curación con perfumes.

 

De un devocionario Lamáico copiamos la siguiente oración, mencionada por Krumm Heller: “Flores sublimes, escogidos rosarios de florecillas, música y ungüentos de deliciosa fragancia, luces esplendentes y los mejores perfumes traigo a los victoriosos (los Buddhas); magníficas túnicas y extrafinos perfumes, saquitos llenos de pebetes partidos, iguales en número a las montañas del “Mirú” y todas las más lindas creaciones, traigo a los victoriosos”.

 

Frhr. Von Perckammer pintó un cuadro, mencionado por el doctor Krumm Heller, en el que aparece un Lama en el patio del Yungho-Kung en el templo de la eterna paz, presagiando junto a un incensario.

 

En el convento Lama de las cien mil imágenes de “Maitreia” nunca faltan los perfumes. El doctor Rudolf Steiner afirma que el empleo de los perfumes para la curación de las enfermedades tenía un pasado remotísimo y un espléndido porvenir. Leadbeater dice que nuestros pecados y culpas repercuten en el cuerpo Astral y que pueden ser eliminados por la acción de ciertos perfumes. Cada vicio tiene sus larvas que se adhieren al cuerpo Astral, y sólo desintegrando esas larvas por medio de ciertos perfumes se logra la curación total de esos vicios.

 

Estatuas de Buddha hechas con madera olorosa del sándalo, existen en Pekín, en el Tíbet y en el claustro Mongólico Erdoni “Dsu”. Estas estatuas permanecen envueltas en hierbas aromáticas y son utilizadas para curar a distancia. Estas estatuas se llaman “Dscho” (escrito “je”) por abreviación de “jebe” esto es del señor o maestro. Las hay en Lassa capital del Tíbet.

 

“Tschima-Purma” es el nombre de ciertas bolas de paño llenas de hierbas aromáticas que tibetanos y mongoles cuelgan de los techos de sus templos para fines curativos.

 

Krumm Heller nos habla en uno de sus libros del Lama Rintschen, que practicaba en Berlín. Trajo sus esencias del Tíbet y jamás compró una droga siquiera. Su misión era velar por la salud de los mongoles domiciliados, según nos cuenta Huiracocha.

 

Los severos estudios de medicina Himaláyica y Trans-Himaláyica, incluyen la ELEMENTOTERAPIA, la OSMOTERAPIA, la anatomía de los siete cuerpos y la astrología y Química ocultas. Todo médico Lama es clarividente, y realmente no se puede ser médico sin ser clarividente. Oídlo señores de la medicina oficial.

 

El diagnóstico por percusión y auscultación, y el modo de caminar y moverse un ciego, son análogos. Usar el tacto para poderse orientar en un diagnóstico, es absolutamente inseguro y pueril. Los médicos Arhuacos y Lamas no necesitan para nada de estos anticuados métodos de diagnóstico de la medicina oficial, propios para ciegos. Ellos tienen desarrollado el sexto sentido, la clarividencia, y pueden ver directamente las causas de la enfermedad y sus efectos en los cuerpos internos.

 

En las selvas profundas del Amazonas hay una ciudad subterránea donde moran algunos Yoguis Occidentales. En esa misteriosa ciudad se guardan celosamente los sagrados tesoros de la sumergida Atlántida. Esos sabios médicos Yoguis son los celosos guardianes de la antiquísima sabiduría médica.

 

En las selvas espesas de California existe también otra misteriosa ciudad, que no podrá ser descubierta jamás por los civilizados del siglo XX. Aquí mora una raza superviviente de la vieja Lemuria. Esta raza es la más antigua depositaria del precioso tesoro de la sabiduría médica.

 

En Centro América existen de la misma manera varios santuarios de medicina, fundamentada en el “arte regio” de la Naturaleza. Y no escasean en el mundo entero sitios secretos donde se estudia y cultiva la sabiduría médica, que otrora el hombre conoció cuando todavía actuaba fuera de la atmósfera viciada de la vida urbana.

 

Las Epidemias enlutecen el mundo. Por doquiera la muerte avanza triunfante, desoladora. El transitorio poder de la medicina alopática, ríndese ante la avalancha del dolor humano.

 

Ha llegado la hora de volver a la Naturaleza, de retirarse a los campos, de que se aprendan las enseñanzas que doy en este libro. Y allí, en la paz profunda de los bosques, a semejanza de los santuarios del Tíbet y de la Sierra Nevada de Santa Marta, fundar planteles de sabiduría médica.

 

¡Jóvenes de genio, humanidad indefensa, hombres insatisfechos, vamos a la lucha con esta bandera de reconquista que enarbolo a todos los vientos! ¡Vamos a la batalla contra los exclusivismos científicos! ¡Vamos a la guerra contra lo dañoso y anticuado!

 

¡¡¡A la batalla por ACUARIO!!! ¡¡¡A la batalla por la Nueva Era!!!