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Capítulo 01

Samael Aun Weor (1950) - O Matrimônio Perfeito ou a Porta de Entrada à Iniciação - Capítulo I

El Amor

El Amor es el Sumum de la sabiduría.

El Amor es la vida que palpita en cada átomo como palpita en cada Sol.

El Amor no se puede definir, porque si se define se desfigura. El Amor se siente en lo hondo del corazón, como una vivencia íntima y deliciosa, como una música inefable, como un néctar embriagador, indefinible y místico. Un pañuelito, un retrato del ser amado, una carta, exalta nuestro espíritu y nos hacen comulgar con la música inefable de las esferas.

El Amor es un quinto elemento de la Naturaleza en proceso de evolución. Día llegará en que ese quinto elemento de la Naturaleza, transformará la faz de la Tierra y se manifestará materialmente como la tierra, como el aire, como el agua y como el fuego. Entonces podremos fabricar objetos de Amor, y aunque a muchos parecerá una fantasía este concepto del autor, el místico ocultista sabe que eso es así.

Los cuatro elementos de la Naturaleza: tierra, agua, aire y fuego, tuvieron a través de siglos y de los eones que pasar por un largo proceso de evolución y transformación. El Amor está pasando actualmente por ese análogo proceso de evolución milenaria.

Ese quinto elemento de la Naturaleza fue traído a nuestro planeta por el divino Rabí de Galilea, allá en los tiempos antiguos de la vieja Palestina. El Amor es pues, la fuerza Crística que anima todo lo creado y que embellece la vida. El Amor dignifica los hogares y los alimenta con su fuerza sagrada.

El matrimonio que se realiza sin Amor, únicamente por motivos de interés personal, es un insulto a la vida. Un sarcasmo, una ironía que a nada conduce. Esos matrimonios fracasan inevitablemente y fracasan porque no tienen base para sostenerse.

Hay que hacer una diferencia entre el Amor y la pasión. El Amor es puro y santo. La pasión es una manifestación morbosa de la sexualidad, una aberración de la bestia humana. El Amor es absolutamente desinteresado. El que ama se siente capaz de sacrificarse por el ser amado.

No estoy de acuerdo con las frases del mago negro Omar Cherenzi Lind cuando dice que el Amor no correspondido no es Amor, sino un capricho, un síncope de la sexualidad reprimida y nada más. Ello no es así. Cristo, el divino Rabí de Galilea amó a la humanidad entera a pesar de que la humanidad no le correspondió su Amor; él amó a sus peores enemigos y dijo: “Señor, Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Hay muchos seres que aman sin ser correspondidos en el Amor y sin embargo aman. Y en la alta Iniciación hay que llegar hasta besar el látigo del verdugo.

El hogar es un altar donde oficia la mujer. El hombre actual ha prostituido a la mujer con su fornicación y sus instintos pasionales depravados. El hogar moderno se ha degenerado por la fornicación.

En los antiguos tiempos el acto sexual se llevaba a cabo cuando se deseaba engendrar un hijo y esto se hacía como un sacrificio en el altar del matrimonio, para brindar cuerpo a alguna Alma que deseaba venir al mundo.

Hoy la fornicación pasional se ha adueñado de los hogares y el ser humano se ha rebajado peor que el animal. Ha convertido en vicio el acto más santo mediante el cual es el hombre un dios creador. Y así los hogares se están llenando de enfermedades y de miseria, todo por falta de una educación sexual que debiéramos haber recibido desde los mismos bancos de la escuela.

Sucede que muchos hombres se casan por pura pasión carnal y después de cierto tiempo, como es natural, viene el hastío, el cansancio, el Amor se aleja, o mejor dicho, no necesita alejarse de allí, porque allí no estaba, allí no resplandecía esa luz inefable; digo más bien que lo que se aleja de allí es esa apariencia de amor, con la cual se disfraza el ansia de coito. De allí se aleja el hombre coitoso ya satisfecho y desilusionado. Nuevas ilusiones pasionales le sonríen por la calle y el castillo de ese falso hogar matrimonial se derrumba como castillo de naipes.

No confundas hombre enamorado, el Amor con la pasión. Fijaos muy bien si tu amada te pertenece en espíritu; fíjate bien si eres capaz de amarla con toda la pureza de un místico, con toda la exaltación de un Francisco de Asís, o con toda la poesía de un auténtico poeta.

El hogar es sagrado, no lo profanes con el vicio repugnante del coito. El hogar es santo. Sigamos el ejemplo de la Sagrada Familia: Jesús, José, y María. Adornemos nuestros hogares con el cuadro de la Sagrada Familia y que ella se convierta en una fuente de inspiración constante, como símbolo viviente del Matrimonio Perfecto. Jesús, José y María simbolizan el hogar santo. Santifiquemos los hogares imitando el ejemplo de la Sagrada Familia.

María era una sacerdotisa del templo de Salomón, que desde muy niña había hecho voto de castidad, y José era un sacerdote iniciado en los grandes misterios hebreos, completamente puro y santo. Sucedió que por aquellos tiempos Cristo necesitaba venir al mundo para redimir con su sangre redentora a la humanidad y entonces Jehová, que es el que dirige la reproducción por medio del rayo positivo de la Luna, envió un ángel llamado Gabriel para avisar a María sobre la misión de madre que le correspondía. Este acto así se realizó sin pasión carnal, como un sacrificio en el altar del matrimonio, una sola vez y nada más.

Este sacrificio se verificó bajo los auspicios del ángel Gabriel y el esposo de María fue también escogido por Jehová, por ser José el varón más puro.

Sucede que cuando dos seres están unidos durante el acto sexual, los videntes pueden observar una luz que los envuelve a ambos, y es que es la luz más divina del Universo; las fuerzas más sutiles del cosmos vienen a servir de medio, para la creación de un nuevo ser.

Por eso es que en ese momento el hombre es un dios, porque puede crear un nuevo ser e infundirle soplo de vida. Pero si el Amor es desplazado por la pasión, esa luz divina se retira y penetra en ese hogar una luz rojiza, sanguinolenta, llena de parásitos invisibles a simple vista pero perfectamente perceptibles para la vista del clarividente.

Se nubla el hogar con esas siniestras fuerzas del mal y como consecuencia de ello, viene la ruina, las enfermedades, el hambre, el cansancio y el hastío.

José y María sólo efectuaron el acto sexual para engendrar un hijo, una sola vez en la vida y nada más. Y es que el acto sexual sólo debe ejecutarse cuando se desea tener un hijo, y es como un raro sacrificio en el altar del matrimonio.

¿Por qué se acaban los hogares? Por la fornicación. ¿Por qué existe la miseria en los hogares? Por la fornicación. Pero sucede que cuando las cosas andan mal dentro del hogar, la mujer y el hombre le echan la culpa a todo; por todas partes encuentran causas, pero no se les ocurre pensar en la verdadera causa; no se quieren dar cuenta de que su atmósfera está puerca por la fornicación.

En un hogar puro y casto, en un lugar santificado por la santidad, no existe la miseria, ni el disgusto, ni el cansancio.

En un hogar casto sólo existe la armonía; la música y el Amor. Allí, solamente la dicha de amar. Allí, las flores sublimes del jardín del Amor. Allí, los dedos de armiño que tocan el piano delicioso. Allí, los juegos de niños y el beso infinito de los labios tan puros que sólo saben orar.