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En El Vestíbulo del Santuario

La Revolución de Bel

En El Vestíbulo del Santuario

(Por Julio Medina V.)
El hombre en la ciudad, se ha convertido en idólatra del “Becerro de Oro”, o sea del dinero, que es hechura del mismo hombre. Por medio del dinero todo se clasifica y justifica, y en resumen, viene a ser la máxima aspiración en la actual civilización. Tanto el hombre que perdió su juventud adquiriendo conocimientos por medio del estudio intelectivo como el que nada ha estudiado llegan a esa misma aspiración: “el dinero”. Tanto para el que mucho tiene como para el que nada tiene, el dinero es la panacea para todos los males, es en lo único que están de acuerdo los que saben y los que nada saben, los que tienen y los que nada tienen.
Cuando el gran iniciado Moisés subió entre truenos, rayos, relámpagos y tempestades al monte Sinaí para conquistar las Tablas de la Ley; no tuvo temor de las dificultades en medio de las cuales se debatió para adquirir los diez mandamientos de la ley de Dios, que son las leyes del código de la Naturaleza. Todo su inmenso sacrificio se estrelló cuando, bajado de la montaña, encontró al pueblo de Dios adorando al “becerro de oro”, a ese mismo dinero que hoy ha embriagado totalmente a la especie humana, y lleno de profundo dolor e indignación rompió las Tablas de la Ley, es decir, el conocimiento adquirido por él con tanto sacrificio, no pudo llegar a manos del hombre porque el hombre estaba adorando a las cosas de su propia hechura. Hoy ha llegado al máximun esa idolatría, y el hombre tendrá que saber por propia experiencia cual será el resultado de haberse roto contra sus costumbres e idolatría de falsos ídolos: las leyes del código de la Naturaleza.
En lo material todo ha progresado, en el campo moral el hombre se ha hecho un perfecto artista y el campo espiritual lo recuerda como una posible promesa. La palabra misterio ha servido de rótulo maravilloso para clasificar lo que el hombre impreparado no alcanza a comprender. El hombre en si, no ha progresado, más bien se ha hecho inútil. Si al hombre civilizado se le quitan los elementos de que se vale para ser poderoso, daría lástima su aspecto. Le parece que en la comodidad está su felicidad y con afán la busca y la consigue, pero después de que la obtiene la desbarata caprichosamente, y esto lo hace hasta en el campo mismo de sus sentimientos íntimos. Así vemos que afanoso busca un amor, lo consigue, forma un hogar cariñoso y respetado. Cuidadoso, y a través de mucho tiempo, va formando el calor de su hogar, y el día menos pensado él mismo se encarga de desbaratarlo, como si no sintiera dolor por la obra que él mismo ha realizado, y si esto hace con su propia obra, con su propio dolor. ¿Qué no será capaz de hacer con el dolor ajeno? Se ha hecho poderoso para el mal y trata de justificarlo recurriendo a la historia, para confirmar que así ha sido el hombre en todo tiempo y que la historia se repite. ¡Maravillosa forma de justificar la perversidad! y así sigue preparándose para destruirse; sin embargo, el hombre cree sinceramente que está buscando el bien y la perfección. Puede que sus intenciones sean ciertas pero va por otro camino en su búsqueda de la perfección, porque le ha puesto más atención a las cosas de su propia hechura que a las que hace el eterno Dios viviente.
La educación en general es netamente material aun cuando se la asista con sentimientos piadosos y sabor religioso, porque la educación actual no logra transformar al ser, lo capacita, pero sigue acompañado de todos sus vicios y rencores; el malo y el perverso no dejan de serlo por el hecho de que tengan mucha instrucción. Para que la educación logre cultivar al ser, es decir, transformar sus malas cualidades en buenas, es indispensable conocer a fondo las leyes de la naturaleza y la posición del hombre frente a ellas. La cultura que actualmente se le brinda a los pueblos solo sirve para hacerlos aptos para el consumo de los elementos que produce el becerro de oro.
El progreso material tiene íntima relación con los problemas económicos. El progreso material se traduce en mayor comodidad, y la mayor comodidad requiere mayor inversión de dinero para la vida cotidiana. Por una parte, todo el mundo desea y exige mayor comodidad, una completa facilidad para todo, y por otra, el mismo hombre se queja del costo de la vida. No se puede invitar al placer sin que asista su hermano gemelo, el dolor, y por otra parte, el hecho real es que así como una familia se agrava notoriamente, cuando adquiere comodidades para su hogar, así también los hijos de una ciudad quedan de inmediato fuertemente agravados en lo económico cuando la ciudad les brinda mayores comodidades y facilidades, es decir, aumenta de inmediato el costo de la vida. Una ciudad que pavimenta sus calles tiene que salir el costo de esa pavimentación del dinero de todos los que la habitan y de los que transitoriamente la visitan, porque de inmediato la valorización que recibe el edificio, requiere aumento del arrendamiento, y esto implica aumento de las mercancías que se adquieren en dicho edificio.
La comodidad es la que ha hecho al hombre cobarde, por ello le tiene miedo a la vida, a la muerte, al mañana, al que dirán. El hombre valeroso evade la comodidad porque no tiene miedo.
De ahora en adelante la humanidad recibirá mucho dolor, y hay que recibirlo con resignación porque es el medio de que se vale la madre Naturaleza para hacer que sus hijos vuelvan a ella. El dolor vendrá a ser el yunque con que se fragüe la nueva humanidad. Las razas que han llegado a gozar de mayor comodidad jamás han sido las de mayor durabilidad como agremiaciones humanas: esas desaparecen y de ellas solo quedan los vestigios de su grandeza y opulencia. Lo único que puede acabar con el becerro de oro es el dolor, porque el dolor fue el camino que nos mostró el Cristo para redimirnos.
Aquí entre nosotros los humildes indios de la Sierra Nevada de Santa Marta viven sin necesidad del dinero, y se han podido salvar de la catequización civilizante por nuestro medio porque tanto su número como la defensa natural que los protege, no lo ha permitido. Su escasa población no halaga a los productores y fabricantes para obtenernos como centros de consumo y lo inaccesible del terreno evita que los curiosos civilizados lleguen hasta sus costumbres tradicionales.
Esos indios no poseen dinero, ni la cultura nuestra y sin embargo, viven felices y contentos. Ellos trabajan la tierra y cambian sus productos entre sí, y así solucionan sus necesidades. Las únicas tribus que ya tienen problemas, son aquellas que se quedaron en la parte baja al alcance de los civilizados. Los indios que están en las partes altas de la Sierra, no entienden de problemas, ellos no saben qué cosas son los problemas. Las ovejas, el fique y el algodón les dan la lana, la pita y los hilos para sus vestidos y útiles indispensables, y sus mujeres en los ratos de ocio les confeccionan sus ropas y elementos indispensables.
El hombre se creó sus problemas económicos cuando se separó de su madre Naturaleza; y el hombre se separó de la Naturaleza cuando se creó la vida urbana, y en la vida urbana se formó el hombre una vida artificiosa, y en la vida artificiosa de la vida urbana está el hombre lleno de los problemas que él mismo se creó. Al hombre le sucede lo mismo que le sucede al polluelo que se separa de la gallina; si el polluelo tiene frió que busque a su madre que ella lo abriga con sus alas y le cede su calor; si tiene hambre, que busque a la gallina, que ella lo alimentará: ella escarbando la tierra consigue alimentarlo.
Ningún partido político ni el mejor gobierno organizado es capaz de hacer por el polluelo lo que hace su madre la gallina, solo ella es capaz de solucionar ese duro y grave problema escarbándoles la tierra: Solo la madre sabe quitarle el hambre a sus hijos. Ningún líder político por inteligente que sea, y por grande que sea su doctrina política, podrá hacer jamás lo que es capaz de hacer la madre por su hijo por el fruto de su amor. Es que solo la madre conoce y entiende las intimas necesidades de su hijo, solo la madre puede abrigarlo con su calor y alimentarlo con su pecho, porque ella es la Naturaleza en miniatura.
El hombre se alejó de su madre la Naturaleza, cuando se aisló dentro de la vida urbana: entonces el hombre conoció el hambre y la desnudez, surgieron los problemas, y sé corrompió moralmente, porque quedó huérfano. Si el hombre quiere solucionar sus problemas económicos, tiene que regresar al seno de su madre, la Naturaleza, ella siempre aguarda a sus hijos de sus entrañas, como la gallina a sus polluelos. Ella le da al Hombre la lana y el lino para que se vista, el fuego para que se abrigue y las maderas de sus bosques para que construya su casa, su refugio. Así que mientras el hombre acuda a la vida urbana para solucionar sus problemas estará haciendo todo lo contrario para redimirse de ellos. El hombre que teniendo hambre, sed y desnudez, acude a la vida urbana para solventar sus necesidades, se asemeja al que va a buscar alimentos en medio de las arenas del desierto. El alimento se busca en donde se puede producir: en los campos, en los bosques, no en la ciudad, porque en la ciudad no se produce agricultura: allí solo pueden estar los que producen dinero, y el dinero hace que los hombres, cuáles fieras, se devoren mutuamente. Para que el hombre solucione sus problemas, tendrá que darle la espalda a la vida urbana y al Becerro de Oro, los ídolos de su idolatría, acabar con las fronteras egoístas, porque las fronteras son hijas del egoísmo del hombre ya que el mundo nos fue brindado sin fronteras, y regresar a los campos a trabajar, a producir vida para así ganar el pan de cada día con el sudor de su frente y reverente incline su cerviz ante la simiente que deposita en la tierra para que multiplique su alimento y el de sus hijos. Ese día, el hombre no tendrá más problemas porque su madre la Naturaleza le quitará el hambre, el frío y la desnudez. Los partidos políticos se disolverán porque los líderes políticos no pueden existir sin masa que los siga y habrá felicidad.
Ni el comunismo, ni el fascismo, ni el nazismo, ni el laborismo, ni el socialismo podrán darle al hombre el pecho de su madre porque solo la madre puede darle el pecho a sus hijos y quitarles el hambre y el frío.
No hay motivos para que las gentes mueran de hambre porque la tierra da abundantes frutos para alimentar a todos los seres que en ella moran. Los animales que mueren de hambre es porque el hombre los ha encerrado en terrenos y lugares donde no encuentran alimentos, igual sucede con los hombres que se encierran dentro de la vida urbana. La solución económica del mundo no consiste en darle mas dinero al mundo porque con el que tiene ya tiene suficientes problemas. Lo que necesita cada hombre para vivir es una casita y un pedazo de tierra para cultivar sus alimentos, y nuestra madre la Naturaleza, proveerá lo demás; para hacer esto no se necesita inventar más partidos políticos. Los partidos son como muletas para la humanidad inválida.
Acudimos siempre a la Naturaleza poniéndola de ejemplo para toda enseñanza, porque ella es un libro abierto, y sus enseñanzas nos las ofrece con ejemplos vividos, con hechos realizados, lo cual nos da experiencia y la experiencia es la mejor enseñanza, una cosa se conoce cuando se realiza: si no se ejecuta, solo es para nosotros una teoría. Por ello tratamos de reincorporar en las costumbres sociales las enseñanzas que nos da la madre Naturaleza, tratando de hacer discernir a las gentes para buscar lo que le es más conveniente. Por ello presentamos ejemplos como los siguientes: La mujer del campo cría a su hijo, ella lo alimenta con su pecho porque en ella manda más su amor que su interés y este alimento se lo brinda cada vez que su hijo lo demanda y su afecto le indica cuándo lo desea y cuándo no lo desea, sin tener en cuenta hora, minuto o segundo, porque no tiene reloj ni lo conoce, ni lo necesita; en cambio a la madre costumbrista de la ciudad no la martiriza el llanto de su hijo, parece que tuviera el corazón de piedra y al pie de la letra espera que transcurran las cuatro horas martirizantes que indican todos los textos de crianza para ofrecerle el alimento. La madre del campo duerme con su hijo indispensablemente, ella lo defiende con su calor, e intuitivamente hace que su hijo siga alimentándose con los colores de su aura, o sea de la fuerza radiante que a manera de aureola sale del cuerpo humano y sobre todo de la madre, que es todo amor y ternura para con su hijo. Esta fuerza vital es indispensable para que se restablezca una intima y estrecha conexión externa e interna entre madre e hijo; en cambio a la dama de la ciudad desde el mismo momento en que nace su hijo, se le exige qué lo ponga en cama aparte, además que no reciba el calor de su madre, para que no la mortifique, haciendo con esto todo lo contrario de lo que hace la madre Naturaleza, cuando le permite al feto, no solo alimentarse de la misma sangre de su madre sino vivir en medio de su calor y regazo. Todo esto da lugar a que exista más comprensión y mayor unión entre madre e hijo entre las gentes del campo y la aldea que entre las gentes de finas costumbres civilizadas y hace que el primero se arraigue más a su madre y a su hogar que el hijo que se cría con tantos códigos, reglas y sistemas antinaturales lo cual los desnaturaliza.
El materialismo histórico, como teoría de la ciencia oficial, no puede servir de fundamento para la vida social, por que no conoce la historia del materialismo y no la conoce ni la pueden conocer porque desconocen la materia misma y sus intimas funciones vitales que han determinado la teoría de la materia y el materialismo de la historia. La constitución de la materia está sujeta a las leyes de tiempo y espacio, y los tiempos no han sido siempre los mismos, ni los medios ambientes jamás han sido iguales.
La composición físico-química de la materia no ha sido la misma en todos los tiempos, ni la biología orgánica de hace algunos millones de años atrás no iguala a la actual. Aquellas peregrinas teorías del materialismo histórico sobre que el hombre tuvo que alejarse de la Naturaleza y formar ciudades para favorecerse de las inclemencias de la Naturaleza, son tan absurdas como pretender sacar a un pez de las aguas para favorecerlo de las inclemencias de las aguas. Cada organismo esta biológicamente adaptado al ambiente en que se mueve y por lo tanto el materialismo histórico como base para una sociedad bien organizada es completamente inadecuado porque desconoce la historia misma de la materia, la cual no siempre ha sido igual en su constitución biológica, física, psíquica, somática.
El materialista nada sabe sobre el fondo vital, o sea los Tatwas. Los Tatwas son el fondo interno de la materia. Los físicos admiten el éter para explicarse las leyes de cohesión, gravitación, vibración y pulsación, pero, para nada nos dicen sobre la constitución misma del éter.
Si la física quiere realizar progresos eficientes tiene que recurrir al ocultismo y al estudio sobre los Tatwas; que son las distintas modificaciones del éter, causa fundamental de las tensiones y distensiones del calórico, del movimiento que produce el calor y sonido, del calor y sonido producen la luz, la luz que produce el color. Por ello, nota, luz, color y movimiento; son una sola cosa con distintas vibraciones, y se desenvuelven, evolucionan y progresan sobre el éter y sus modificaciones llamadas Tatwas en lenguaje oriental.
La presente obra encierra una serie de conocimientos incalculables, pero es de lamentar que esta luz no pueda llegar a los más porque los más están solo empeñados en gozar y los que han estudiado, ya formaron juicio, están contentos con sus creencias y prejuicios y son poco amigos de hacer revisiones. Todo esto hace que el hombre no busque la felicidad dentro de sí, sino fuera de sí. Él cree que con el dinero se logra y consigue todo, mas el dinero podrá solo brindarle placeres pero no felicidad. Los placeres cansan y desgastan, mientras que la felicidad la constituye nuestro Íntimo contentamiento y en lo interno no entra el dinero. La felicidad se traduce en sana belleza y no cansa jamás.
Cuando usted, caro lector, sienta deseos de considerarnos amantes de lo atrasado y cantantes de la miseria, recuerde que lo que tratamos es hacer comprender a Ud. que la Naturaleza es un libro abierto y que en ese libro no se aprende con ínfulas ni con desprecio: le recordamos que la alquimia de la Naturaleza es mucho más poderosa que la química que emplea el hombre, le recordamos que el tallo de una flor por obra y gracia de la alquimia transforma la fetidez del lodo en el perfume de su flor, que de la suciedad del pantano sale la flor esplendorosa del loto, que de la podredumbre de la simiente sale el tallo del fruto que nos da alimento, que de los pastos y basuras con que se alimenta el ganado sale la leche y la carne con los cuales se alimenta el género humano, y le recordamos que antes de inspirarle compasión se compadezca mas bien de su propio cuerpo que exhala pestilencia, porque no tiene decencia y, si la conoce, no la practica, y que todavía está puerco internamente porque no sabe hacer lo que hace el tallo de una flor.
Todo el dinero que se emplea en confort, lujo y comodidad, agrava automáticamente la economía de los asociados en cambio el dinero que se utiliza para facilitar el acceso a esas agremiaciones de los productos que da la tierra, por medio de caminos, carreteras, vías férreas y las distintas vías de transportes, disminuyen el costo de la vida, porque esas medidas contribuyen para aminorar el costo del transporte de los alimentos que da la tierra y que se producen en las regiones donde hay acceso, al mismo tiempo pone a la ciudad en contacto con los productores, evitando así el complicado mecanismo de los intermediarios, ya que los terrenos aledaños a los grandes centros de consumo por su alto costo están en poder de personas que no labran la tierra.
No puede negarse que el hombre ha mejorado notoriamente las especies de que se sirve y alimenta, porque les ha puesto mucha atención: el agricultor sabe que con la selección de la semilla obtiene el mejor grano, lo mismo el avicultor, el agrónomo, el ganadero y en fin los que hacen producir la tierra y sus especies. Los mismos gobiernos en forma eficaz han contribuido para esa bella realidad; lo único que no ha merecido la atención del hombre es su misma producción. Hoy en día después de tantos adelantos y estudios para mejorar las razas de los animales y los frutos y simientes de la tierra, nada se hace para mejorar la producción humana.
Hay que enseñar al hombre a mejorar su producción: para entrar a este terreno hay que adentrarse en el conocimiento del mismo hombre, que lo compone no solamente su cuerpo tísico sino su alma y su espíritu.
La ciencia contemporánea ha mal enseñado al hombre, que el acto sexual, o la unión de un hombre con una mujer es un hecho biológico, semejante a los que cumple el cuerpo de la mujer por su calidad misma de mujer, dando a entender con esto que es una función que solamente es biológica llegando hasta el orgasmo, sin darse cuenta los científicos que la increción hormonal de las gónadas también es función biológica, y que la magia sexual es un proceso de increción hormonal intensificado: desde el punto de vista puramente biológico, así que nosotros no violamos la ley biológica; somos maestros de la Ley Biológica. La ciencia material olvidó por completo el precepto Bíblico, que en su sexto mandamiento dice al hombre: NO FORNICAR, allí no dice con quien se le autoriza fornicar, sino secamente NO FORNICAR, es decir, que el hombre no debe emplear su simiente sino única y exclusivamente para crear o sea para dejar descendencia… a pesar del visto bueno que las distintas creencias y sociedades dan a las uniones que no cumplen con la ley de Dios. ¿No recuerda el hombre que su simiente está sujeta a las mismas reglas para reproducirse que los demás seres vivientes? Con repugnancia vemos al hombre que, sumido en la peor ignorancia, usa su simiente sin seleccionarla, por medio de cualidades y condiciones internas, poniendo su cuerpo en las mejores condiciones y sobre todo, saber que va a cumplir el acto más santo mediante el cual él es un Dios creador, y en las peores condiciones y con las más bajas pasiones se presenta ante la mujer, sin respeto y sin amor, para hacer todo lo contrarío de lo que ordena el sexto mandamiento de la Ley de Dios: NO FORNICAR. En estado de beodez exalta sus más bajos sentimientos y por último como quien va al mercado; da su paga para así sellar el acto vergonzoso como fiel idólatra del becerro de Oro. Con razón estos hijos de la pasión los llaman sus propias madres, cuando se refieren al nuevo ser que es gestado: un “descuido” indicando así que en aquella unión jamás tuvieron la intención de crear. La Biblia en el Apocalipsis llama a la humanidad, la gran ramera.
¿Qué puede nacer de esa unión que se verifica contraviniendo una ley natural?
¿Qué puede esperar el genero humano de su producción humana?
¿Cuál vendrá a ser la calidad moral de esta nueva simiente que lleva en potencia el germen de los motivos mismos que le dieron existencia?
¿Qué educador podrá cambiar las bases mismas que generaron a este nuevo ser? La educación allí tendrá que ser de una transformación total del ser, y para transformar al ser hay que conocer al ser.
La educación externa, lo podrá hacer apto para ganarse la vida y capacitarlo en el campo intelectivo para convivir en sociedad, pero en el campo de la cultura y la decencia, ni le interesa la cultura ni quiere la decencia.
Esta mala simiente que inconscientemente para sus genitores se convirtió en un nuevo ser viviente, viene más tarde a causar espanto a la sociedad de la cual procede. Aquí prácticamente la sociedad viene a ser víctima de su propio invento.
Luego horrorizada y sin dar con la causa del mal acude a los peores castigos para su corrección e inventa leyes, cárceles puñales, panópticos, trabajos forzados, el castigo corporal y hasta la muerte, para así tratar de regenerar o extirpar el mal; pero el mal no solo sigue en pie, sino que muy a pesar de las leyes y castigos existentes, sigue avanzando en forma arrolladora.
Las cárceles y los panópticos son antros de corrupción: allí tienen cabida las peores indecencias, y el problema sexual adquiere caracteres repugnantes. Almas perversas, almas afines en convivencia íntima fácilmente se corrompen unas con otras, y así en vez de extirpar el mal lo que se consigue es aumentarlo. En estas condiciones las cárceles y los panópticos para regenerar al delincuente, tienen que ser un rotundo fracaso, porque la cárcel es un lugar de vicio. Tiranizando al delincuente, se le aumenta el odio hacia la sociedad de la cual procede; luego ese no es el camino para regenerarlo, porque no logra la finalidad que se persigue, que es convertir a aquellos delincuentes en individuos útiles a la sociedad.
Reformar es volver a formar y si se va a combatir el mal con violencia, con castigos vergonzosos, con grillos y cadenas, esto viene a aumentar el mal. Al mal no se le opone el mal porque lo aumenta. Al mal se combate con el bien, que es su contrario, como ser el calor del frío, lo duro de lo blando, la luz de la oscuridad.
Al mal para extirparlo se le opone su contrario, el bien. Si los delincuentes causan mal a la sociedad, para regenerarlos hay que buscar, el modo o la forma, de que le hagan bien a la sociedad, o sea lo contrario del mal, y esto es factible haciendo que el castigo se convierta en cosas provechosas para la sociedad, y para ello exponemos los siguientes puntos:
1º- Fundar granjas agrícolas con suficiente cantidad de tierra para su labranza y el cultivo de alimentos que den vida. Allí intervendría la agricultura, la avicultura, la apicultura y todo aquello que sea creación de vida. Cuando el hombre hace producir la tierra se agita dentro del plan divino. Para nuestro gobierno esto no es problema porque dispone de inmensos baldíos. El dinero que se emplea para cárceles debiera emplearlo en colonias agrícolas, donde cada penado tenga su pedazo de tierra y luego según sus merecimientos, lo tenga fuera de las colonias cuando haya cumplido su condena y viva con su mujer, aislándolo así de la vida urbana y evitándole que vuelva al lodo del cual procede.
2º- Todo hombre que tenga un arte o una profesión, que pague su condena trabajando dentro de las granjas en lo que es experto.
3º- Mantener psicólogos que estudien las aptitudes de los penados y luego se les enseñen oficios y artes según sus aptitudes. La enseñanza debe ir acompañada de buena asistencia social, películas regeneradoras y libros constructivos, etc.
Con estas medidas se logra abaratar la vida y en vez de estar el Estado manteniendo perezosos y, formando expertos en el ocio, lograría una superproducción agrícola y por consiguiente, abaratamiento de la vida. Así en lugar de ser los presos un estorbo, pasan a ser necesarios, de consumidores, pasan a productores, de carga pesada para la sociedad, pasan a ser un alivio para los pueblos.
Existen dos clases de producción bien definidas y al alcance de toda comprensión: LO QUE NECESITA EL HOMBRE PARA VIVIR Y LO QUE NECESITA PARA SU COMODIDAD.
Lo que necesita para vivir, lo crea Dios y lo cultiva el hombre.
Lo que necesita para su comodidad lo elabora el hombre con los productos que crea Dios.
Lo primero es primordial para la vida y su consumo iguala a los hombres.
Lo otro no es primordial y su consumo lo divide en muchísimas clases, según el uso y consumo de lo que el hombre elabora.
Podríamos decir, que el hombre según se ocupe en cultivar las cosas que crea Dios; o sean las que sirven para dar vida, y las que elabora el hombre; que son las que sirven para su comodidad. A los unos, se les llama campesinos, labriegos, colonos, etc., y los otros, obreros, artesanos, profesionales, etc. Los campesinos según las cantidades que producen van adquiriendo los nombres de agricultores, ganaderos, hacendados, etc. Los obreros y artesanos según las cantidades que producen pasan a ser fabricantes, industriales, magnates, burócratas etc. Dentro de los elementos que el hombre construye para su comodidad, quedan incluidos los que usa para su defensa y los que le sirven para mantener sus vicios y placeres.
El hombre como fiel idólatra del Becerro de Oro, desdeña las cosas que crea Dios y se esmera por las que él elabora. Esto ha permitido que el campesino, que es el que se encarga de brindarle al hombre los elementos que le sirven para dar vida, haya quedado relegado, ni se le tiene en cuenta, y si se le recuerda, es en forma compasiva; en el escalafón social no ocupa puesto, solo por el hecho de no poseer finas costumbres que vienen a ser en resumen el resultado a que aspira nuestra cultura actual. En cambio, los que elaboran los elementos para su comodidad, para sus vicios y placeres y hasta para la muerte, forman la élite social en medio de aplausos y sonrisas.
Pero una cosa es la justicia del hombre y otra cosa es la justicia de Dios. Al hombre que crea para la vida, le da: Valor, paciencia, mansedumbre, humildad, resignación, sinceridad, fe, amor, caridad, justicia, que son DONES Y VIRTUDES, todo esto se traduce en íntima complacencia, en satisfacción plena; en cambio, los otros se hacen poderosos, pero una cosa es ser poderoso y otra cosa es ser virtuoso. Lo uno, vale ante los hombres. Lo otro, vale ante Dios.
Todas estas reflexiones las vamos haciendo a nuestros lectores para que aprendan a discernir, y el discernimiento los conduzca a establecer una diferencia entre lo real y lo ilusorio. Entre el derecho divino y el derecho social.
Es un hecho real que hoy estamos asistiendo nosotros a la catástrofe final de la falsa civilización moderna. Este orden de cosas se está agotando a través de grandes cataclismos sociales y el hombre es impotente para conjurar el mal, porque el hombre no ha discernido, es decir, está cayendo ciego en el abismo de la desesperación. No se necesita ser filósofo para comprender la catástrofe actual de la falsa civilización moderna. La vida en las ciudades se hace cada día más insoportable y el costo de la vida peor. Los líderes políticos ofrecen panaceas, pero al tomar el mando, sus respectivos partidos políticos, sus afiliados se sienten defraudados, porque las promesas siguen siendo lo que realmente son.
La humanidad quiere poner un abismo entre lo humano y lo divino y ahí está precisamente el error del hombre, porque dentro del mismo hombre está lo divino (El Íntimo) que quiere actualizarse a través del trajín de la vida diaria, pero el hombre busca escapatorias; el hombre con todas sus creencias, lo que hace es alejarse de sí mismo.
El hombre que se afilia a escuelas materialistas o espiritualistas, busca solo escapatorias, quiere eludir el conflicto, sacarle el cuerpo, siente miedo y pereza de conocerse a sí mismo para resolver sus propios conflictos. Las escuelas, creencias, filosofías, etc., son formas ficticias de consuelo. La verdad no consiste en ser materialista ni ser espiritualista, sino en ser realista, o sea realizarse a fondo, abordarse a sí mismo, enjuiciar a su personalidad sin pero-orgullos de virtud, (porque todo el mundo se siente virtuoso) sin hipocresías, sin poses falsas, pietismos fingidos, sentando nuestra propia personalidad en el banquillo de los acusados para juzgarla sin consideración ninguna, severamente. Luego trazarse una severa disciplina moral y ética, para así acabar con las raíces más íntimas de nuestros propios conflictos. Los conflictos son hijos de nuestra propia ignorancia. Estos conflictos individuales sumados vienen a dar los conflictos sociales.
Hoy más que nunca se necesita que el hombre comience a pensar por sí propio. Las gentes no quieren usar su criterio sino que se acomodan al ajeno y opinan como opinan sus jefes. El problema de la masa es el problema del individuo, y mientras este no aprenda a resolver sus propios problemas, la masa entera de la humanidad estará llena de incertidumbres, sufrimientos y calamidades que en vano los lideres políticos intentan resolver, porque ellos mismos están llenos de problemas y primeramente tienen que aprender a resolver sus propios problemas para luego intentar resolver los ajenos. Hoy la masa desilusionada aspira a la catástrofe porque está martirizada y así pretende salir rápidamente de su desesperación y por ello, a diario oímos frases como ésta:
“Antes de estar guindando es mejor caer”. Esto da una idea clara del desespero de las masas y la magnitud de la catástrofe.
La mente del hombre tendrá que libertarse de las trabas del deseo, del miedo, de las apetencias, (La vida muelle) de las ansias de acumulación, del egoísmo, porque todo esto coacciona la mente y la incapacita para discernir entre lo real y lo ilusorio, lo mutable y lo permanente, lo útil y lo inútil así como entre lo más útil y lo menos útil.
La mente actual del hombre es un barco que va de puerto en puerto, y cada puerto es una escuela, una teoría, una creencia, una secta, un partido político, un concepto de bandera, una filosofía, una religión y cuando la mente se ancla en esos fondeaderos mentales, entonces se encierra dentro de esos muelles para accionar y reaccionar incesantemente con sus PRE-conceptos allí establecidos. Una mente así, está incapacitada para comprender la vida libre en su movimiento, una mente así, es esclava del yo animal y de las energías estancadas de la vida, donde existen conflictos, luchas de clases, donde existen el hambre y el dolor.
La mente del hombre necesita libertarse del batallar de las antítesis que la dividen y la incapacitan como instrumento del Íntimo. El hombre razonativo, por medio de la elección mental, comete el error de dividirse a sí mismo, y de ello resulta la acción errada y el esfuerzo inútil de donde surge el conflicto y la amargura. Si queremos resolver nuestros propios problemas individuales tenemos que aprender el uso y manejo de la mente. El pensamiento debe fluir integralmente, sin el proceso de la opción (opinión) que divide la mente en opiniones tan opuestas. La menté debe fluir serena, Integralmente, con el dulce fluir del pensamiento, guiada únicamente por la intuición, que es la voz del Íntimo, la flor de la inteligencia; de ello resulta la recta acción, el recto esfuerzo y la plenitud perfecta. ¡La llama evocadora de la nueva era es la luz del pensamiento!.
El hombre no vive el presente sino en medio de las experiencias del pasado y las preocupaciones del mañana. Ve el presente a través del colorido de las experiencias del pasado, por consiguiente, el presente lo ve desfigurado y por lo tanto, no ve la realidad del presente y, sin embargo se llama a sí mismo hombre práctico.
El nuevo mundo no será un mundo de conquistas militares ni de líneas fronterizas, sino el de un nuevo estado de conciencia, que ya está naciendo al margen de todas las limitaciones. Banderas rojas y azules están llenas de prejuicios ancestrales; todo ello pertenece al pasado, a lo que ya dio su fruto. Ya pronto resonarán las campanadas de la Pascua de Resurrección de Acuario. Cuando la llamarada del entendimiento ilumine la faz de la tierra, todos los problemas del mundo desaparecerán y no habrá sino felicidad.
El amor es la base de la vida, y es conveniente hablar del amor a la luz de la ciencia oculta. Las gentes necesitan un conocimiento más profundo sobre esa vivencia íntima del amor. Las gentes hasta ahora no han recibido una luz sobre esos problemas hondos de la conciencia; millones de filósofos han querido explicar lo que no se puede explicar. A cada momento oímos hablar del amor, en las salas, en las calles, en los clubes, las gentes hacen diversos comentarios sobre los distintos problemas del amor, pero nadie ha comprendido jamás a fondo esa fuerza misteriosa que dormita en el fondo de todos los corazones humanos. Los filósofos, a través de sus elucubraciones mentales, quieren ajustar el amor a reglas fijas y frías, como si el amor fuera frío o estuviera sujeto a reglas.
Con profundo dolor observamos que las gentes confunden la pasión morbosa con el amor, hasta tal punto que ya la humanidad no sabe cuándo es pasión carnal y cuándo es amor.
El amor hasta la fecha actual es un misterio para la humanidad. Solo la ciencia oculta puede descorrernos el velo de ese algo delicioso que jamás hemos comprendido pero que siempre hemos sentido en lo hondo del corazón, como una sed devoradora, como una contemplación divina, y esa divinidad, alcanzamos a sentirla por medio de la forma, (figura de la materia) y cuando el novio ama y contempla a su novia, ésta, sintiéndose amada y absorbida, no cambia ese instante por todo el oro del mundo porque su amor puro y vivido la remonta hasta la exaltación y allí en medio de un éxtasis sublime siente las delicias del amor, no se pertenece y hasta se siente ajena.
Así, espontáneo como le nace a uno hablar, se acerca más a la verdad del amor que cuando trata artificiosamente de formarse conceptos lógicos sobre ese algo que no admite conceptos.
Muchos desilusionados del amor ven el final de una tragedia amorosa como una catástrofe, pero es que las gentes, confunden lo que es una vivencia del alma con lo que es una pasión carnal. El amor no puede traer jamás desilusiones cuando lo que se siente es amor. Durante un trance de amor y cuando los que se aman se sienten en plena contemplación, no les interesa que les expliquen lo que es el amor. Y es que lo que se siente se siente y nadie puede sentir teorías.
El matrimonio, a través de la gnosis, exige afinidad de pensamientos, afinidad de sentimientos, unión de voluntades, vivencias afines de las conciencias (que internamente sientan lo mismo), y aspiraciones idénticas.
En el hombre existen siete estados de conciencia, los cuales deben vibrar al unísono con los siete estados de conciencia de la cónyuge. El matrimonio debe verificarse en lo físico, en lo vital, en lo astral, en lo sentimental, en lo volitivo, en lo concientivo y en lo místico, cada uno de estos siete estados de conciencia se relaciona con cada uno de los siete organismos del hombre.
Es verdad que a muchos se les hace raro eso de hablar de los siete organismos que tiene el hombre, pero si el lector tiene interés y lee con detenimiento, comprenderá lo que tratamos de explicar sobre las bases mismas del amor. Esos siete cuerpos del hombre son los siguientes:
1º Cuerpo físico 2º ” vital 3º ” astral 4º ” mental 5º ” de la voluntad 6º ” de la conciencia 7º ” espiritual
Estos siete organismos son totalmente materiales porque es un hecho real que nada puede existir, ni aun Dios, sin el auxilio de la materia. Cada uno de estos cuerpos tiene su anatomía, su biología, su fisiología. Por ello, el médico ocultista cura rápidamente porque conoce la anatomía de esos siete cuerpos del hombre.
Un matrimonio perfecto se realiza sobre la base de que todos los siete organismos del hombre verifiquen el connubio sexual con todos los siete organismos de la mujer.
Hay quienes están casados con cuerpo físico, pero en el mundo del deseo no están casados por incompatibilidad emotiva y sentimental; en este caso dicho matrimonio es un fracaso. Se dan casos de parejas que están desposados en el mundo físico y aun en el mundo emocional, pero sus cuerpos mentales no efectúan el connubio sexual; dichas parejas tienen: pensamientos, planes, proyectos desafines entre sí, es decir, no comparten en el mundo de la mente; en estos casos, el matrimonio tampoco es perfecto. Hay ciertos cónyuges que física, emocional y mentalmente, vibran afines, pero cuando se trata de tomar una decisión en la vida diaria, entonces chocan sus voluntades y surge el conflicto; estos matrimonios tampoco son perfectos. Hay conciencias que vibran desafines aunque en los demás aspectos, dichas parejas sean afines; en estos casos, tampoco el matrimonio es perfecto, porque para que el matrimonio sea perfecto, se necesita que los siete organismos del hombre verifiquen el connubio sexual con los siete organismos de la mujer.
Muchas veces un hombre y una mujer que son simplemente amigos en el mundo físico y que se comprenden mentalmente en una forma mutua, sucede que en el mundo de la mente universal dichas almas son marido y mujer, aunque en el mundo físico éstas estén desposadas con otros cónyuges. Esto dará una clara idea al lector de lo que significa el conocimiento oculto del hombre que cada día más desconoce el hombre.
Cuando el matrimonio solo se verifica en el mundo físico, solo existe la relación genésica, lo único que los une es la relación sexual. Cuando el matrimonio logra ser en lo “Físico y Vital”, existe además de lo anterior, afinidad de gustos y pensamientos. Cuando el matrimonio logra ser en lo “Físico, Vital y Astral”, a más de lo anterior, existe afinidad de emociones. Cuando el matrimonio se logra en lo “Físico, Vital, Astral y Mental”, además de lo anterior, existe afinidad de pensamientos y sentimientos. Si el matrimonio comprende lo “Físico, Vital, Astral, Mental y Voluntad” a más de lo anterior, hay afinidad de voluntad, de resoluciones, decisiones, aspiraciones, etc. Si el matrimonio se logra en lo “Físico, Vital, Astral, Mental, Voluntad y Conciencia”, a más de lo anterior, se logran: afinidad de conciencia, amor, ideas, aspiraciones, ideales, etc. y por último, el matrimonio en íntimos, en el que solo pueden estar casados los que pertenecen al mismo rayo, y esto viene a ser: “EL MATRIMONIO PERFECTO”, EL MATRIMONIO GNÓSTICO.
Existen dos clases de vínculos matrimoniales: El Kármico, que comienza del plano físico hacia arriba, y el Cósmico, que se realiza de arriba hacia abajo o sea el de una pareja que recibe una misión para cumplir en los planos superiores, y luego se van encontrado en los distintos planos y van también verificando los distintos matrimonios hasta encontrarse en él plano físico, dando lugar a los grandes amores, a los cuales no arredra ni la muerte porque viven dentro del amor, y el amor los hace Inmortales, siendo ellos también un MATRIMONIO PERFECTO.
Una gran mayoría de seres se van encontrando a través de las edades y van siendo marido y mujer en distintos retornos y en distintos lugares de la tierra, produciendo esto gran afinidad y mutuo conocimiento. Todo esto nos da a entender, lo grave que es, el que el hombre o la mujer verifiquen el matrimonio por conveniencias propias o puramente social, lo cual da lugar a una serie de martirizantes condiciones que tienen que soportar los desposados, siendo para muchos el matrimonio una pesada carga o una tremenda desgracia para su oscurecida mentalidad.
Hoy en día la mujer no busca un hombre para casarse como es lo natural, sino que busca un “partido”. Esto huele a banco, a negocio. Este partido implica: que el individuo sea adinerado o que posea un cargo bien remunerado, o que tenga destacada posición social, o que haya conquistado un título académico que le permita vivir holgadamente. Todo ello es un insulto a la majestad del amor, todo ello, solo dolor y desilusión puede traer.
Al hombre joven siempre se le presenta una mujer pura y honesta con quien poder formar un hogar, y con la cual puede dignificar su vida y asegurarse una ancianidad patriarcal en medio de un hogar lleno de amor y ternura con una esposa e hijos que velen por su ancianidad; pero sucede que el joven mal instruido por el ejemplo desolador y vergonzoso de sus mayores, también es amigo del cambio de mujeres, y con unas y otras pierde su juventud y virilidad llegando A la vejez sin hogar y sin mujer y sin quien le alcance un vaso de agua en su lecho de su enfermedad. Entonces, busca y no encuentra, pide y no le dan. Ese es su castigo. “Prenderán al impío sus propias iniquidades y detenido será con las cuerdas de su pecado” (Proverbios de Salomón Cáp. V. Vers. 22). Realmente así termina la vejez del concupiscente.
La humanidad es esclava del sexo. ¡El gnóstico es su rey! Porque el gnóstico sabe honrar al sexo y sabe que en su propia semilla radica la raíz misma de su existencia, su simiente es para procrear, para vivificarse y redimirse.
La humanidad se avergüenza del sexo, pero la humanidad de lo que debería sentir vergüenza es de su corrupción, no del sexo, porque el sexo no es culpable del mal uso que la humanidad ha hecho de él.
Las enseñanzas de esta obra conducen al lector a la raíz misma de nuestro ser, que es el sexo, que es el origen mismo de nuestra existencia, pues todo ser humano es hijo de un hombre y una mujer. Sin embargo, algunos semi-virtuosos que quieren aparentar castidad, se horrorizan del tema sexual y de los nombres con que se representan por motivos de enseñanza de las cosas que pertenecen al sexo. Parece que estos virtuosos noveles no tuvieran padre ni madre; que se hubieran formado del viento, no saben ellos que para el puro, todo es puro, y para el impuro, todo es impuro. Pues sepan ellos que al hombre no lo transforma sino el sexo, y no lo regenera sino el sexo, porque es hijo del sexo y por el sexo vive. Por esa puerta entra al mundo y por ella sale, por esa puerta salió del paraíso y por ella misma volverá a entrar para conquistarlo.
El que insulta al sexo o se horroriza del sexo, insulta a Dios, porque Dios hizo al mundo con el sexo y está dentro del sexo. Del sexo solo se horrorizan los decrépitos porque ya agotaron su savia en las bacanales y la fornicación. Del sexo solo se horrorizan los hipócritas fariseos, los sepulcros blanqueados. Hay quienes se horrorizan de la magia sexual y sin embargo, adulteran a diestra y siniestra, superando a las peores bestias; esos son los que difaman y es que cada cual da de lo que posee: el sabio da sabiduría y el hipócrita difamación.
Las aduanas motivan la mayor erogación para la economía de las gentes, ellas tienen en su poder una verdadera llave económica que pesa terriblemente sobre los consumidores. Para saber a quiénes favorece el sistema aduanero, no hay más que hablar públicamente sobre la supresión de ellas y veremos quienes son los que se alarman, y seguramente allí no tiene cabida la teoría de los más.
Nosotros abogamos por el libre intercambio comercial, no a base de dinero como hoy se usa, sino de productos y que chicos y grandes podamos tener igualdad, equidad y fraternidad, en forma cristiana. Estimo que cuando alcancemos esa paridad, hemos encontrado el principio económico internacional de la futura edad de Acuario.
De seguro que este sistema no causaría alarma en las gentes del pueblo porque a ellos los favorece, solo se alarmarían los que hoy gozan de los sistemas actuales o sean los menos. ¿Pero qué ha creado el hombre que no caiga? Este sistema político económico del libre intercambio sin barreras aduaneras y sin los controles que tanto descontrolan, desplazaría totalmente al hoy existente y que nos mantiene en permanente alarma.
Cuando nosotros hablamos de reincorporar al hombre a la vida natural, al seno de su madre la Naturaleza, lo primero que surge entre los lectores, son los defensores de la vida urbana, porque no conocen otra vida, el primer interrogante que de ellos surge es: creer que nosotros abogamos por el salvajismo de las cavernas y de la edad de piedra, a ellos les contestaremos con el axioma oculto: (gnóstico) “El fin es igual al principio más la experiencia del ciclo” aquí también, la primera idea que surge en el lector y el oyente, es la figura del “círculo vicioso” (salir del salvajismo para volver al salvajismo) y esto porque la mayoría de los lectores no nos leen con ánimo de aprender sino de criticar, pero al círculo a que nosotros aludimos, “se realiza en forma de espiral”; es decir, “Que todo regresa al punto de partida, pero con los frutos de las experiencias milenarias, lo cual significa regresar al comienzo, pero con una cultura superior a la que sirvió de fundamento para el espiral de la vida”; aquellos fueron los cimientos seculares de nuestra espiritualidad triunfante y victoriosa.
El hombre le tiene temor a las dizque inclemencias de la Naturaleza y por ello prefiere vivir encerrado dentro de la vida urbana, pues le parece que en el campo no podrá gozar del lujo, confort y comodidades que le brinda la vida urbana y sin embargo, vemos cómo en New York por ejemplo, muchísimos comerciantes de (Wall Street) que durante el día trabajan en medio del ruido tormentoso de la ciudad y en medio del trabajo brutal de los negocios, ya por las tardes, salen huyéndole a la vida urbana para pasar la noche en sus mansiones, quintas y chalets situados en los campos y a grandes distancias de la urbe y allí en la tranquilidad del campo, tienen a sus esposas y sus hijos; esto nos da a entender a las claras, que ya los habitantes de las grandes urbes, están comenzando a regresar al seno de la Madre Naturaleza.
Este género de política que nosotros preconizamos, significa trasplantar cada cual el confort y comodidades de la ciudad, al seno de la Madre Naturaleza, así abogamos por medios de transportes cada vez más rápidos y eficientes, carreteras y vías férreas que atraviesen el planeta en todas direcciones, pequeñas villas comerciales, artísticas, y culturales, desde las cuales se puedan gobernar sabiamente los destinos de la colectividad, es decir, nosotros queremos convertir al planeta entero en una gigantesca ciudad, llena de confort y comodidades de toda especie.
¿Qué objeto tiene el que sigamos viviendo todos pegados unos contra otros como sardina en caja?
¿Qué necesidad tenemos de construir casa contra casa, y habitación sobre habitación?
¿Acaso el mundo no es suficientemente grande y espacioso como para que todos podamos tener nuestra confortable residencia, nuestra huerta, y nuestro jardín?
¿Qué necesidad tenemos de atormentarnos unos con otros y de respirar el aire viciado de las grandes urbes?
Convirtamos al planeta tierra en una gigantesca ciudad, en cuyos dominios jamás se ponga el sol.
¡Esta ciudad celestial será la nueva Jerusalén, descendiendo del cielo de Dios, como una esposa ataviada para recibir a su marido! (El Cristo).
La edad de Acuario está ya a las puertas y es imprescindible que la humanidad despierte del letargo en que se encuentra. El hombre solo ha conseguido con su primordial ambición, el adulterio, al haber contribuido a multiplicar la maldad esparciéndola por medio de su simiente concupiscente a todos los ámbitos de la tierra. Aquí y allá nacen a diario los despropósitos, y el nuevo ser lleva en su germen latentes fuerzas del mal contra las cuales se estrella toda educación, toda cultura y toda religión.
El hombre por medio de todas sus creencias y sentimientos le ha puesto más atención a la moral que a la ética hasta el extremo de que la juventud cree que eso solo debe usarse en el ramo de los negocios. No señores, la ética proviene nada menos que de los diez mandamientos de la ley de Dios, del Decálogo, que son las leyes del código de la naturaleza, que sirven para todos los tiempos, para todas las razas y, por consiguiente, para todas las culturas y todas las civilizaciones. La ética de la Naturaleza es superior a la moral convencional de los hombres, esa moral, es hija de las costumbres de cada raza, y el hombre la usa cuando está en presencia de los demás, mientras que la ética pone al hombre permanentemente en presencia de la divinidad a través de la augusta eternidad…
JULIO MEDINA V.